Parábola del individuo
José María Pozuelo Yvancos *
La parábola de Carmen la Reina
Manuel Talens. Versal**. 1992.
PUEDE decirse que una novela adquiere condición de grande cuando logra aprisionar al
lector entre sus páginas, mientras la lee y deja posteriormente en él, pasado el tiempo,
una serie de imágenes vivas, de escenas que quedan prendidas a su memoria posiblemente
para siempre.
Cuando a esto se añade otro efecto: la significación universal de su trama, de manera
que junto al placer casi sensorial de la lectura, se une el intelectual de la reflexión,
podemos decir que nos encontramos ante una buena obra literaria. Estos efectos juntos se
dan pocas veces y, cuando ocurre, los lectores comunicamos entre nosotros ese hallazgo
como una suerte. Es el caso de la novela de Manuel Talens: La parábola de Carmen la
Reina, publicada en Versal recientemente.
No creo exagerado afirmar que la novela de Talens es la mejor de las publicadas en España
en muchos años. Si inmediatamente surge la comparación con la de Landero
Juegos de la
edad tardía, sin demérito para aquélla, es porque el panorama de la novela española no
está sobrado de buenas novelas, y la de Talens produce la misma impresión que la de
Landero: en ambos casos son novelas muy trabajadas, logradas, maduras, pese a ser las
primeras que sus respectivos autores dan a la imprenta. La de Talens resulta incluso más
equilibrada y compacta, más redonda.
En La parábola de Carmen la Reina el lector encuentra la creación de un mundo propio,
que le afecta como lector, pero no en el sentido habitual y muy prodigado de ser una
elucubración posmoderna sobre la intimidad de un personaje. No. Todo lo contrario.
El mundo propio que el lector de esta parábola encuentra es el de su alianza con la
literatura. Por una vez pueden darle al lector las altas horas leyendo, sin poder dejar el
libro, atrapado por mil historias que se suceden. Porque este libro es la reconciliación
del lector con lo que es el territorio más apasionante de la lectura de las novelas: la
creación de un mundo que sostiene, coherente, un universo de sentidos, poblado por muchos
personajes que adquieren, por su excelente diseño artístico, condición de criaturas.
Cada personaje de esta novela, y desfilan muchos por ella, tiene individualidad y nadie se
parece al vecino. Vive prendido a una anécdota, a un cuentecillo, a singularidades
diversas, que Talens crea con maestría aprendida en el taller de
Galdós. Sí. Esta
novela tiene en la sensibilidad para la reproducción de lo oral, en su inventiva para el
episodio, la estirpe galdosiana, y en el diseño global de su concepción de mapa
meditativo, la impronta del García Márquez de Cien años de soledad.
El universo temático de la novela está ligado a la España del siglo XIX. Las
vicisitudes de los personajes ocupan ciento veinte años de la historia de una España que
vio sucederse en este siglo las esperanzas revolucionarias y los desencantos, la
dialéctica entre el campesinado y la nobleza caciquil.
La historia del siglo XIX se vive, como es condición de una novela, a partir de las
historias particulares de los habitantes de Artefa, pueblo imaginario de la Alpujarra
granadina, dominado por el poder primitivo e hiriente de una duquesa, Petra Almodóvar,
que es casi eterna.
Artefa es un espejo donde mirar tanto la historia de España de la época, que es el marco
de referencia externo, como la vivencia de sus alternativas en la propia biografía de los
personajes del pueblo, que empapan esa historia de amores, ternuras, brutalidades,
sinrazones y soledades.
Los vectores temáticos del anticlericalismo, la superstición, la explotación del
campesino, la alianza de la naciente burguesía administrativa con el poder de la nobleza,
las esperanzas frustradas de la constitución de 1812 la reinserción definitiva del
absolutismo, los alientos anarquistas, la difícil elección entre un socialismo utópico
y un anarquismo casi idéntico.
Y sobre estos vectores el marco de una gran parábola. Talens se sirve del imaginario
bíblico para trazar al mismo tiempo la historia de una relación del individuo con el
poder, donde aquél queda sometido, sacrificado, inmolado en favor de éste.
Carmen la Reina es, como Jesús de Nazaret, hija de carpintero, José Botines, y de María
Espinosa. Talens realiza una personal e interesante transmutación de la parábola
bíblica al orden de las opciones particulares de personajes que resultan así un mosaico
de las alternativas de los discursos: el poder absolutista, el clero, el marxismo, el
anarquismo. Y representa la lección de un nuevo evangelio donde la cultura establece
alianza natural con la clase oprimida.
Pero una parábola que rinde su mejor tributo a la literatura, con intertextos que son
homenaje a escritores, pero sobre todo con la fortuna de haber cuajado un estilo cuya
plasticidad y fuerza son sencillamente sobrecogedores. El estilo de una gran novela.
* Catedrático de crítica literaria.
** La edición que cita el artículo se encuentra agotada.
Actualmente, La parábola de Carmen la Reina está editada por
Tusquets Editores.
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