Sorprendente madurez
Nicolás Miñambres
La parábola de Carmen la Reina
Manuel Talens
Versal*, Madrid, 1992
La crítica ha mostrado su sorpresa por la calidad de esta «ópera prima» del escritor
granadino Manuel Talens. Lejos de ajustarse a la condición autobiográfica tan frecuente
en las obras primeras o de responder a una estructura sencilla y lineal, la novela
presenta la extensión, complejidad y profundidad estilísticas sólo habituales en obras
de madurez. Todo ello constituye, evidentemente, una agradable sorpresa.
Dos elementos gráficos ponen en guardia al lector cuando inicia la lectura: un mapa de
Las Alpujarras granadinas (escenario de las andanzas de los múltiples personajes que
desfilan por la obra) y una «genealogía de los habitantes relacionados con el pueblo de
Artefa». Está claro que el novelista es consciente de la gran cantidad de personajes que
desfilan por las páginas del libro, así como de las posibles dificultades que, en algún
momento, pueden plantear. Con todo, el problema del seguimiento temático o humano es
mínimo, dado que no nos hallamos ante una obra de protagonista individual, sino
colectivo. No se trata tanto de conocer con exactitud y detallismo la trayectoria de
docenas de tipos humanos, cuanto de disfrutar del panorama que con esas trayectorias va
tejiendo el novelista de forma global en ese mundo, entre esperpéntico y mítico, de la
ciudad de Artefa.
No hay duda alguna de que la novela (tanto en su ubicación como en el recurso literario
de ofrecer una visión que se extiende a lo largo de varias generaciones) hace pensar en
«Cien años de soledad». Sin embargo, no existe riesgo alguno de plagio o imitación
respecto a la novela de García Márquez. El mundo creado por Manuel Talens presenta
suficiente originalidad para convertirse en sustancia literaria de perfecta autonomía.
Los acontecimientos de la población de Artefa, que ocupan la extensa cronología de un
siglo, permiten ir conociendo toda una serie de individuos que no responden a modelos
literarios abstractos o simbólicos, sino a tipos caracterizados por una vida de rotunda
condición: junto a sucesos de cara condición esperpéntica o inverosímil, aparecen
otros cargados de gran sabor costumbrista, lo que permite un perfecto equilibrio
narrativo.
Las ciento setenta secuencias de que se compone la obra permiten a Manuel Talens lograr a
la perfección sus objetivos de variedad estilística. Porque, si bien cada secuencia o
bloque de secuencias se corresponde en teoría con la evolución de uno o varios
personajes, el hecho cierto es que existen múltiples saltos narrativos y variadas formas
de entrecruzar la acción narrada, lo cual permite una cohesión temática sutil y
armónica.
Toda esa brillantez argumental tiene una correspondencia exacta con el tratamiento
literario que recibe. Junto a múltiples ecos cultos y literarios, aparecen diversos
estratos de estilo, mezclándose expresiones rigurosamente cultas con recursos de clara
condición popular o castiza. De todo ello, surge una novela plástica, original, que en
muchos fragmentos provocará un verdadero deslumbramiento en el lector. Tal vez, sólo sea
achacable (como lo ha repetido la crítica) el innecesario planteamiento epistolar que
abre y cierra la novela y se intercala en ciertos momentos de ella: ese destinatario «Mi
buen Teófilo» no parece recurso necesario para enmarcar unas páginas cuya categoría
literaria se sustenta por sí misma.
* La edición que cita el artículo se encuentra agotada.
Actualmente, La parábola de Carmen la Reina está editada por
Tusquets Editores. |