La parábola de Carmen la Reina
Alfonso García Giner
La parábola de Carmen la Reina
Manuel Talens
Cátedra-Versal, Madrid 1992 336 páginas
Primera novela de Manuel Talens, La parábola de Carmen la Reina reconstruye la historia
del siglo XIX español desde el lado de los oprimidos, aquellos que desde
Artefa, un
rincón perdido de las Alpujarras granadinas, se ilusionaron con la Revolución Francesa,
con las Cortes de Cádiz, con la Constitución liberal de 1837, con la República de 1873,
para acabar siempre viendo frustradas sus ilusiones de igualdad, porque tras los
"cambios", todo sigue igual.
De esta forma, el tono del relato no puede ser otro que el del escepticismo y el
desencanto, comprobable ya desde una de las dedicatorias que preceden el relato, dirigida
a "todos los durrutis anónimos que ofrecieron sus vidas por la causa, creyendo
ingenuamente que la libertad era posible"; escepticismo y desencanto que también
impregnan al narrador de la novela, construida ésta en forma de extensa epístola de un
desilusionado militante comunista a su camarada y maestro Teófilo, luchador incansable
por causas perdidas de antemano.
Sin embargo, una vez descartadas la lucha ideológica y la opción de la religión
-simbolizado su fracaso mediante la cremación de su propia sotana por parte del párroco
de Artefa-, a los personajes de la novela, como viene siendo frecuente en una línea de la
novelística española actual ubicada en Andalucía, aún les queda una última salida: el
amor; de esta forma, los momentos de mayor sensibilidad de la novela son aquellos que
narran las historias de amor de los antepasados de Carmen, desde sus bisabuelos hasta sus
padres, para alcanzar su máxima expresión en la relación de la propia Carmen con el ya
maduro médico de Artefa, relación sentimental que se transforma en amor solidario hacia
los más desvalidos cuando Carmen, con la ayuda de su amante, se convierte en la cabecilla
del movimiento anarquista de las Alpujarras.
A pesar de la sensación de pesimismo que produce la novela, sus páginas están llenas de
humor, un humor entrañable, nunca cruel, que en ciertos pasajes es deudor del realismo
mágico y que no rehuye lo escatológico ni la representación de las "cosas menos
dignas", siguiendo las pautas aristotélicas para la comedia, citadas explícitamente
en el texto.
Vemos, pues, cómo la novela, a pesar de situar su acción en el siglo pasado, habla de
temas de absoluta actualidad, como el escepticismo ante cualquier lucha reivindicativa de
una mayor justicia social o la identificación entre Narración e Historia. Este último
aspecto lo podemos observar en la ficcionalización que hace de la Historia bíblica, al
convertir a Carmen en un trasunto del Mesías -como él, nace un día de Navidad, muere un
Jueves Santo a los treinta y tres años a manos de Poncio, que aquí es su esposo
legítimo y el cacique de Artefa, y su vida la dedica a los más necesitados-; también en
la irónica aparición de personajes históricos, como Ernesto Guevara, que aquí es un
anarquista valenciano aficionado a repetir el latiguillo característico de estas tierras,
o un tal Umberto, apellidado sospechosamente "Risonanti", o un tabernero de
Lorca llamado Federico García; lo podemos ver, igualmente, en la ficcionalización
humorística de los orígenes de refranes y dichos populares; o en el recurso a
narraciones orales, cuentos de la abuela del narrador, para construir el relato.
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