Destellos de luciérnaga
Vicente March
Manuel Talens
La parábola de Carmen la Reina, Tusquets, Barcelona 1999
Era su primera novela. Editorial Cátedra la publicó en 1992, y fue para muchos un
hallazgo sorprendente. Su vigorosa capacidad narrativa capta la atención del lector, gana
su confianza y estimula su complicidad. Ahora Editorial Tusquets reedita la obra,
suscitando el máximo interés de público y crítica.
La "historia" se actualiza en un "discurso" de singulares
características. El relato se ofrece al lector como parodia sacrílega de la Biblia, como
una nueva "historia de salvación": Un pueblo elegido, el pueblo de
Artefa, vive
esclavizado desde la época de los Reyes Católicos por el poder feudal de los Duques y el
imperio político de los caciques. La comunidad judía vive además reducida a la
marginalidad racial sometida forzosamente a la Iglesia. Permanecen en constante espera de
un redentor que los libere. Carmen La Reina podría ser ese Mesías. Su boda con Poncio
Almodóvar parece, sin embargo, una alianza con las fuerzas más reaccionarias. Pero por
pura lógica el pacto era imposible; la ruptura, inevitable. Las fuerzas enfrentadas se
aniquilan mutuamente; el asesinato de la duquesa y de Carmen cierran con final trágico
esta conmovedora historia. El desenlace, sin embargo, da margen a la esperanza. Concluye
la novela con un capitulo apocalíptico con explícita referencia a una fecha
emblemática, el 7 de noviembre de 1917, día de la toma del Palacio de Invierno.
Es éste un relato coral en el que todo el pueblo protagoniza la historia. Sesenta y cinco
personajes se mencionan, para identificarlos y recordar sus relaciones familiares el autor
nos ofrece al comienzo del libro un esquema que puede servir de guía de lectura. Definen
su función actancial en relación con los dos frentes en conflicto. Representan unos las
clases dominantes, las fuerzas más reaccionarias: los duques de Arteta, los políticos de
la provincia, la Guardia Civil, los curas y personas vinculadas a la Iglesia. Otros
representan las fuerzas de cambio y progreso, los que desde su actitud rebelde luchan
contra el sistema; destaca entre ellos: Bautista Porra y su padre Gabriel, el Dr. Lucas
Toledano y familia, José Botines y, sobre todo, sus hijos Mateo y Carmen La Reina.
El discurso narrativo presenta estructura epistolar. Se trata de ciento setenta cartas de
remitente anónimo, cuyo destinatario es un tal Teófilo, en las que se refieren unos
acontecimientos de forma desordenada y caótica, tal como se recuerdan, como si
procedieran de la memoria colectiva transmitidos por tradición oral. Ahora bien, la voz
del narrador no es precisamente neutral; se manifiesta solidario con los personajes que
protagonizan la historia; relata los acontecimientos desde el punto de vista de los de
abajo, de los oprimidos, de los rebeldes.
La verosimilitud del relato, su valor testimonial, se apoya en gran medida en referencias
espaciales y temporales muy concretas. Los sucesos transcurren en un ámbito geográfico
delimitado, en Arteta, un rincón de las Alpujarras. Por otra parte, las referencias
temporales son abundantes. Hasta los acontecimientos más privados se citan con extrema
exactitud. Aunque se alude a la época de los Reyes Católicos, los acontecimientos se
suceden en el marco histórico del siglo XIX y se dan detalladamente las fechas más
significativas: La intervención de las guerrillas y las Juntas populares en la Guerra de
la Independencia, la batalla de Bailén, las Cortes de Cádiz, el gobierno absolutista de
Fernando VII, el pronunciamiento de Riego, las guerras carlistas, la revolución de 1868,
el nacimiento de sindicatos y partidos obreros, la primera república y la restauración
de la monarquía. Como ya he advertido la historia no se relata en orden cronológico. Sin
embargo, la exposición no es absolutamente caótica, pues frecuentemente se hacen
predicciones y advertencias sobre hechos que suceden unos años más tarde. En definitiva,
la distancia entre la temporalidad de la historia y la del discurso narrativo queda
siempre explícitamente establecida.
Escribir es para Manuel Talens un acto de rebeldía y de protesta o, como sugiere Arthur
Miller, "una guerra que refleja las batallas de la vida". Literatura
evidentemente comprometida. Hay que reconocer, sin embargo, que el compromiso del autor no
es sólo social; es también estético, compromiso con su propio texto como producto
literario. El texto, desde un punto de vista estrictamente político, cumple todo tipo de
exigencias. Sorprende sobre todo la fuerza expresiva del lenguaje, la variedad de
registros, la facilidad con que se pasa de lo grotesco y escatológico a la expresión
lírica repleta de ternura. El planteamiento paródico del discurso narrativo ofrece
además múltiples posibilidades retóricas que el autor inteligentemente explota. La
degradación burlesca del lenguaje bíblico consigue establecer un paralelismo entre el
proceso de liberación del pueblo y el proceso de desmitificación de la Iglesia y todo lo
sagrado. Esa evolución la sufren también los personajes; José Botines, por ejemplo,
sustituye poco a poco la lectura de la Biblia por la del Manifiesto Comunista. Este mismo
sentido tiene la constante utilización paródica del lenguaje. Obsérvese cómo el
nacimiento de Carmen lo celebra Simeón parafraseando la Biblia: "Ahora puedo morir
en paz, porque ya han visto mis ojos a la que nos devolverá la dignidad". La íntima
unión entre Rómulo y Gabriel merece la siguiente exclamación: "Hosanna en las
alturas, bendita sea aquella que se entrega en nombre del amor". "Padre, si es
posible, aparta de mí este cáliz" se dice en el momento de la comunión sacrílega
de Lázaro Almodóvar. Y es precisamente Jesús Cordero quien poco antes de morir exclama:
"Mis cojones no son de este mundo".
En última instancia pertenece al lector descubrir otras claves de interpretación;
respetemos la ambigüedad del texto y su correspondiente
plurisignificación. El
distanciamiento irónico con que el autor se expresa delata una visión escéptica y
desengañada de la realidad. Pero es legitimo optar por una lectura más optimista, que
puede deducirse del desenlace. Al día siguiente del entierro de Carmen, su madre
encuentra la tumba algo desplazada y "en el fondo un destello de luciérnagas
iluminaba la noche. No veamos, pues, todo tan oscuro; en medio de la noche se
"vislumbra" la luz. Será que la utopía no es imposible. El
"Apocalipsis" final con que se cierra la novela quizá pretenda precisamente
confirmarlo.
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