Astros
Víctor Andresco
Manuel Talens
La parábola de Carmen la Reina
Tusquets, Barcelona, 1999
La reedición de La parábola de Carmen la Reina, publicada por Versal en 1992 con el
subtítulo de Epístola a Teófilo, devuelve con agradable desahogo tipográfico a la
veleidosa actualidad editorial la obra de Manuel Talens (Granada, 1948), autor de otros
dos títulos (el volumen de relatos Venganzas, 1994, y la novela Hijas de Eva, 1997) con
los que se ha revelado como uno de los más singulares talentos narrativos de nuestro
tiempo. Excepcionalmente dotado para la reconstrucción sentimental de un pasado cuyas
heridas se lamen todos sus personajes con una fuerza y un sentido del humor envidiables,
Talens ha conseguido delimitar en menos de un millar de páginas de obra publicada un
sólido territorio literario donde la memoria como patrimonio individual y el deseo como
expresión de una dimensión colectiva han restituido a la palabra su función esencial de
comunicar con precisión y (mucha) gracia una determinada sustancia y su circunstancia. La
de esta espléndida novela, en concreto, se refiere a la existencia de una larga lista de
individuos vinculados a Artefa, un pueblo de las Alpujarras donde «el tiempo transcurría
con tanta lentitud por las vidas de sus habitantes de cada año que pasaba era como siete
del resto del país». Allí llega Lucas Toledano para ejercer la medicina en 1866 y sus
descubrimientos se van enredando con el relato de la extinción de las viejas generaciones
amenazadas por golondrinos, garrotillo o simple desaliento y donde cada uno de los
acontecimientos es utilizado como reflejo de un tiempo convulso cuyos estertores llegan
hasta 1917. Así es como se va dibujando un enorme mural de estimulantes destellos
judaicos, libertarios y mediterráneos donde las sagas locales de los Almodóvar, Porra,
Arteaga y Botines coinciden con forasteros de toda ralea -desde el fugitivo francés
Pierre Le Borgne hasta un médico metido temporalmente a revolucionario llamado Ernesto
Guevara- y en el que los curas y aristócratas comparten su destino con labriegos,
libreros o maestros que unas veces nadan «con brazadas profundas en el mar del paraíso»
y otras visitan mundos exóticos como el de «los tipógrafos madrileños y las damas de
ocasión».
En su biografía novelada de Omar Jayyam, Maalouf le atribuía al poeta una reflexión
sobre la doble dimensión del tiempo: «La longitud va al ritmo del sol, la densidad al
ritmo de las pasiones». La parábola de Carmen la Reina establece una original
combinación de ambas, entre la sorpresa que paralizó el pulso y el color de los astros,
para decirlo al modo albertiano, y la certeza de que el arte, según reza la cita de
Carlos Fuentes que abre el libro, rescata la verdad de manos de las mentiras de la
historia. Por cierto que Talens se muestra también como un maestro de la epigrafía,
recurriendo a lo largo de su obra a una selección de referencias literarias e históricas
que matizan muy bien su heteróclita y compleja pulsión de escritor.
Los amigos de la botella medio llena se felicitarán tras la lectura de La parábola de
Carmen la Reina porque supone la demostración de que la novela es un medio lleno de
posibilidades y que, en la literatura como en la vida, la fiesta no ha hecho más que
empezar.
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