La parábola de Carmen la Reina
Miguel Cardo
La parábola de Carmen la Reina
Manuel Talens
Tusquets Editores, Barcelona 1999
Hilarante recorrido por el siglo XIX, llevados de la mano de los
habitantes de un pueblecito.
Artefa es un pueblo, no importa si real o imaginado, perdido en Las
Alpujarras, una comarca muy real. Probablemente tendrá casitas blancas
de tejados planos de pizarra, agrupadas a media ladera y demás rasgos
propios de su comarca, pero lo que de verdad le distingue, y de paso
protagoniza esta novela, es su población. Unos habitantes geniales, si
los juzgamos opr sus actos, palabras y pensamientos; el autor se
detiene en una docena de familias y nos cuenta sus avatares a lo largo
del siglo XIX, siguiendo un desorden más o menos cronológico y a modo
de una larguísima epístola dirigida a un cierto Teófilo, escrita por
un narrador que no se da a conocer. Se adjuntan árboles genealógicos,
para no perdernos del todo. Como si importara.
La descripción anterior, siendo cierta, no se acerca ni a mil leguas
de lo que es este libro: un anecdotario increíblemente divertido, de
reírse hasta tener agujetas, repleto de episodios grotescos,
escatológicos, burlones, descojonantes en suma. Hilvanadas en torno a
las familias ya citadas, encontraremos cientos de historias: la del
famoso coño de la Bernarda, la del piropo increíble ("te quiero más
que a un buen cagar"), el gitano de los pulmones de pez, la lluvia de
mierda, las guerras entre el cura y el ateo del pueblo, y así hasta
llenar más de 300 páginas. Podría compararse a La vida instrucciones
de uso: allí donde la cuadrícula usada para organizar las narraciones
eran las habitaciones de un edificio de París, aquí son las vidas de
unas familias del pueblo alpujarreño. Aquí terminan las semejanzas: el
tono coloquial y jocoso, el vocabulario llano, la agilidad narrativa
convierten su lectura en una jartá de reír, provocando todo tipo de
comentarios de quienes tengan la suerte de encontrarse en torno a tan
extraño lector.
Talens escoge una muestra sociológica de lo más variado; se detiene en
la vida del cura, de la rica del pueblo —además de explicar el origen
de su fortuna—, de la gitana, del médico judío, y de varias familias
campesinas, el grueso de la población, donde cada hombre y cada mujer
son, cómo no, bien distintos. La más guapa y más lista, Carmen Botines
“la Reina”, es la culminación de todos los linajes de Artefa.
Cuanto más humildes y más alejados del poder, mejor humor parece que
gastan ante las desgracias que les tiene preparado el Destino. De
fondo, las pocas y lentas transformaciones que las convulsiones del
lejano mundo exterior, del agitado siglo XIX en España, van causando
en el pueblo; cómo la situación social heredada, ya de por sí brutal e
injusta, se logra empeorar aún más, entre restauraciones y
liberalismo, que coinciden en aumentar las riquezas del terrateniente
a costa de los que a duras penas sobreviven. El tono de La parábola se
hace más amargo a medida que se acerca el final de la narración y la
maldad es premiada una y otra vez. Tan sólo el uso liberal del humor
más salvaje nos libra de caer en el pesimismo.
Además de tanto merecido elogio, una pequeña crítica a la estructura
de la narración, por reiterativa, que llega a cansar. Para cada pareja
del embrollo genealógico, y no son pocas, el lector asistirá al
encuentro, cortejo, enamoramiento, boda, noche de bodas y fundación de
familia; cuando lleva unas cuantas seguidas, el lector, junto a
Teófilo el destinatario de la epístola, pide clemencia.
Pero la profusión de amoríos felices, aunque pesadísima, nos lleva a
la moraleja del cuento: con humor, cariño y una buena dosis de
rebeldía, se aguanta cualquier cosa y se consiguen hasta momentos de
felicidad. Como al leer esta Parábola, háganme caso.
Por si todo esto fuera poco, Manuel Talens tiene una magnífica página
web, de la que destaco su colección de cuentos (El rincón de Chéjov) y
su recopilación de artículos periodísticos.
www.manueltalens.com
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