Historia de plebeyos
Iñaki Esteban
La parábola de Carmen la Reina
Manuel Talens. Versal-Meridianos*. 336 páginas.
Existe una novela histórica de postín y otra de vuelo raso. El primer subgénero juega
con las proezas, manías y abominaciones de personajes que han pasado, en letra grande o
pequeña, a los anales de la historia. El segundo retoma el acontecer vital de personas
insignificantes en un período histórico significativo. La primera obra de Manuel Talens
pertenece al último apartado. Artefa, el pueblo de la Alpujarra granadina, donde
transcurre la novela, no es la corte. Sus plebeyos habitantes, mezcla de cristianos,
gitanos, descendientes de árabes y judíos, luchan por una subsistencia lo más digna
posible en un periodo de la historia de España, el siglo anterior y el comienzo del
presente, marcado por monarquías desfallecientes, intentonas republicanas y convulsiones
revolucionarias.
La novela relata la genealogía de las familias del pueblo granadino que, con el tiempo,
se entrecruzan para formar una espesa parentela. Talens toma aquí la genealogía como
elemento estructurador del relato: bodas, nacimientos, enfermedades y defunciones se
suceden. El planteamiento parece simple a primera vista. Pero es la búsqueda de lo
extraordinario en los sucesos más corrientes, la lograda transmisión del detalle que
convierte lo banal en memorable, el eje novelístico alrededor del cual Talens construye
la máquina de historias que mueve la novela. Así, dar razón del argumento es sencillo.
Desbriznarlo es imposible. En un sentido obvio, La parábola de Carmen la Reina es la
historia de un pueblo que culmina con la aparición de una muchacha guapa, inteligente y
con juicio propio, un fenómeno inédito en la España rural de hace un siglo. Carmen
oficiará de heroína revolucionaria junto a su compañero, un médico rural que
representa al ilustrado anarquizante, figura típica del final del siglo diecinueve. Pero
la novela es también la épica muerte del primer artefeño que dotó a su casa con un
inodoro de fabricación propia, símbolo de progreso entre las clases populares y causa
por la que, en una evacuación del pozo séptico, murió el tan arrojado como desdichado
personaje.
Este pasaje no es casual. Talens se regodea en la descripción de los procesos corporales,
en el diagnóstico de las enfermedades, en la pormenorización de los cuerpos, nada
idealizados, de sus personajes. Conecta así con la literatura escatológica de un Quevedo
o de un Cela, por citar dos de sus influencias más claras. La recreación en lo corporal
no se reduce, por otro lado, a la minuciosidad extática del perverso, aunque haya
descripciones de detalles, aquí innombrables, que sugiera el ojo morboso del escritor.
Además de ser un consumado novelista-ya en su primera obra-, Talens es también médico
en ejercicio. La mirada médica, la descripción de las inmundicias corporales como
fenómenos vitales, naturales y normales, enfoca en un buen número de ocasiones el flujo
de los acontecimientos. También la pasión honrada y sin límites de sus personajes
cercena el elemento perverso y coloca a Talens más cerca de un Genet que de un
Bataille.
La parábola de Carmen la Reina recrea con acierto un lenguaje popular que hace a sus
personajes cercanos y creíbles. Identificarse con algunos de los personajes, odiar a
otros, reírse o indignarse resulta inevitable para el lector. Así, la novela adquiere un
sesgo decimonónico que concuerda con el período histórico en el que ocurren los hechos.
Talens presenta la narración como una sucesión de ciento setenta cartas -en el
subtítulo se lee Epístola a Teófilo-, si bien el género epistolar es imperceptible y
se utiliza sólo como estrategia para organizar el texto en apartados. Los préstamos de
la Biblia son evidentes, en tanto que la historia, el relato familiar y la biografía,
así como la intención ejemplarizante- sólo explicitada al principio y al final de la
novela, como en buena parte de los escritos bíblicos son elementos clave de la
narración. Talens pretende, sin embargo, subvertir las enseñanzas de la Biblia y exhibe
un marcado anticlericalismo.
En suma, una primera obra que demuestra un buen dominio de la técnica y del lenguaje.
Talens se encuadra así en ese grupo de escritores -junto con Landero o
Palol- que
publican cuando su obra ha alcanzado ya una consistente madurez.
* La edición que cita el artículo se encuentra agotada.
Actualmente, La parábola de Carmen la Reina está editada por
Tusquets Editores.
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