El escritorio de Manuel Talens

 

La Parábola de Carmen la Reina. Tusquets Editores.Artefa: Una epopeya granadina
Begoña Ripoll

Manuel Talens
La parábola de Carmen la Reina
Versal*, 1992. 338 páginas


Una o dos veces en cada temporada literaria, las editoriales suelen lanzar al mercado un nuevo valor narrativo que es presentado como La revelación que hace tiempo no se daba. El recurso publicitario, de tan socorrido, hace que, llegado el momento de decir eso mismo con criterios fundados en un caso concreto, las palabras carezcan de credibilidad.

La novela de la que nos ocupamos hoy, La parábola de Carmen la Reina, de Manuel Talens, médico granadino inédito hasta ahora, es verdaderamente un caso sorprendente de buena literatura, pese a ser su primer fruto editado (que, no creemos, sea el primero escrito, dado su total dominio y precisión del lenguaje).

En Las Alpujarras granadinas, y según el mapa que acompaña Talens, existe una población desconocida, ficticia, épica: Artefa. Y en Artefa, cinco generaciones de hombres y mujeres observaron –como tantos españoles- los avatares socio-políticos y culturales del XIX, los conflictos religiosos, la intolerancia entre las estructuras agrarias y las nacientes ideas de la era industrial. En Artefa la sociedad decimonónica, como en el resto de España, sufrió, aguantó y sucumbió al paso del tiempo, del siglo, de las ideas. Y eso es algo que Manuel Talens desea contar: la historia real, la de los libros, la de la memoria.

Pero contar la historia, con mayúsculas, no es, en absoluto lo que el posible lector puede esperar de esta novela; como escritor, Talens juega con sus nociones de las cosas y recrea a su manera los avatares y acontecimientos, construyendo así una crónica subjetiva y moralizante de lo que él cree que ocurrió o pudo ocurrir, de lo que él soñó que hace un siglo pudiera haber pasado en un pequeño pueblo del sur de nuestro país.

El autor, en tanto que narrador, y consciente de su oficio, selecciona para esta parábola la estructura epistolar. "Epístola a Teófilo" es el subtítulo del libro y la clave para entender desde el principio qué forma tiene el vasto material ideado. Ese ficticio lector, que somos todos, que es Teófilo, recibirá 170 cartas, y en la primera el "escribidor", para que no dudemos de su honestidad y de su capacidad, nos dejará constancia de la seriedad de su oficio con la siguiente declaración: "... después de haberme informado de todo exactamente desde su primer origen ... "; puesto que "... la Historia general de los hombres ha consistido siempre en puras historias tergiversadas... " . Quiere contar, y quiere hacerlo informado, y detalladamente' pero no lo hará cronológicamente sino aceptando un cierto desorden, prefiriendo la difícil tarea de relatar los acontecimientos hacia adelante y hacia atrás, con un manejo notable de los hilos narrativos y un cuidado exquisito para formar, a los ojos del lector, una especie de tela de araña perfecta donde todo personaje y todo hecho seleccionado esta interrelacionado y acoplado en el tiempo y en el lugar conveniente.

La estructura forma una especie de marco interno familiar: las cartas, escritas sobre un pueblo, y para un pueblo, nos acercan una realidad conocida (su "historia" particular de España) y nos descubren otro microcosmos ficticio, Artefa, mediante estampas costumbristas y diálogos perfectamente construidos y desarrollados para conseguir esa sensación de realidad que toda obra literaria de calidad necesita.

La parábola de Carmen la Reina funciona, de este modo, a medio camino entre la crónica novelada, desconexa y subjetiva, y la epopeya del "realismo mágico", semejante a la que urdió García Márquez en sus Cien años de soledad. Salvando las diferencias (que son muchas) Talens se apropia del mecanismo del colombiano y consigue que nos imaginemos un pueblo real y unos acontecimientos que, aunque a veces rayan en lo fantástico, pudieran ser verídicos.

Y no acaban aquí los méritos de esta obra. Para un lector habituado a la literatura española clásica, leer esta novela constituye un interesante ejercicio de descodificación, pues Talens -sin duda amante de la palabra escrita- ha escondido entre los personajes, sus historias y su personal estilo, abundantes referencias culturales, literarias y políticas, que van apareciendo aquí y allá mezcladas con la ficción. Episodios bíblicos, nombres literarios, refranes populares, historias ya escritas por otros, son utilizadas de forma paródica por el puro gusto, pensamos, de dotar a la novela de un marco universal que arrope esa "historia" particular, que son muchas historias nacidas del evidente talento del autor granadino. Así, con fino sentido del humor, el narrador nos recuerda las palabras del Arcipreste: "... si cualquiera que lea estos papeles bien trovar supiere, puede más añadir y enmendar si quisiere". Pero difícil es seguir el consejo del trovador de Hita cuando terminamos de leer las 170 cartas que Talens nos ha regalado, cartas llenas de historias, de vidas de hombres y mujeres, de existencias que, como piensa uno de sus personajes, sólo tienen significado a través de los esfuerzos cotidianos. Esa cotidianeidad y esa Historia, con mayúsculas, que ha mezclado el autor tan magistralmente a lo largo de toda la novela, lo convierten, por méritos propios, en un gran escritor, en una auténtica revelación literaria.

 


* La edición que cita el artículo se encuentra agotada. Actualmente, La parábola de Carmen la Reina está editada por Tusquets Editores.

 

Comunicación personal inédita, Alicante, 1993

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