Historias
con minúscula
por Rebeca Martín
MANUEL TALENS
Rueda del tiempo
Tusquets, Barcelona 2001, 179 pp.
Si en Venganzas (Tusquets, 1994), su anterior libro de
cuentos, Manuel Talens mostraba un especial interés por las
circunstancias históricas -en concreto la guerra civil y la posguerra
españolas- y el modo en que éstas condicionan la vida humana, en Rueda
del tiempo, obra que acaba de recibir el Premio Andalucía de l
Crítica, elabora una variación del mismo motivo, enriquecido por una
acertada prolongación del tiempo narrativo -que aquí recorre todo el
siglo XX hasta llegar a nuestros días- y una gama argumental más
amplia y atractiva.
El motivo vertebrador de estos relatos lo constituye la mirada de
los personajes hacia el pasado. En ocasiones la evocación de
experiencias pretéritas surge de la nostalgia y de la búsqueda de
raíces familiares -"Rueda del tiempo", "Presencia del
abuelo"-, en otras es fruto de un antiguo amor platónico
-"María", "El hoyuelo"-, o bien, como en
"Fin de viaje", una pústula incurable que infecta sin
remedio presente y futuro. El pasado de muchos de los protagonistas de
Talens corre parejo al acontecer histórico -he aquí los efectos de
la expulsión de los judíos sefarditas en 1492, el estallido de la
guerra civil, el mayo francés de 1968 o la actividad de los grupos
terroristas-, de manera que sus vivencias se nos antojan versiones
alternativas, y por ello más suculentas, de la Historia oficial. Si,
como advierte el profesor de "El mapa de Peters" a sus
alumnos, "las cosas no suelen ser lo que parecen", qué
mejor camino que la ficción para mostrarnos esa otra realidad
ensombrecida por el espejismo de los grandes acontecimientos.
El interés de Talens hacia las historias con minúscula mucho
tiene que ver con el gusto por la narración y la anécdota en su
estado más primario, el oral. Algunos de sus protagonistas -el viejo
maquis canadiense, Julián el Sarraceno, Miqueas Rofe o el padre de
familia ejemplar y terrorista a la vez- no se sustraen a la tentación
de explicar sus vivencias a otros o, por qué no, de dialogar consigo
mismos. Cuentos como "El perdedor" nos recuerdan que la
literatura no sólo se nutre de otra literatura, sino también de
materia apócrifa, popular. No deja de resultar irónico que el
protagonista de este relato, un escritor que colabora en varios medios
de comunicación, decida recurrir a la descripción de vidas ajenas y
a los chismorreos que amenizaron su infancia para construir un libro
premiado de antemano. El cariño que profesa el escritor mediático a
estos estrambóticos personajes, continuadores de la mejor tradición
picaresca española, es el mismo que muestra Talens por los suyos,
especialmente los más desprotegidos: la prostituta llamada no sin
retintín Virtudes, Milagros la Ciega, la enajenada y sólo entrevista
Fausta.
Otro factor que llama poderosamente la atención en Rueda del
tiempo: la calidad de la prosa de Talens y una notable depuración
expresiva que contrasta con la tosquedad de algunos de los relatos de Venganzas.
El escritor granadino maneja con soltura la narración en primera y
tercera persona y se desenvuelve con facilidad en el terreno del
monólogo, pero sorprende ante todo su dominio de los registros
lingüísticos más variopintos, desde el impersonal lenguaje
periodístico hasta el argot del lumpen, pasando por la variación
dialectal y el uso se algún que otro arcaísmo. Y si no, atención al
derroche léxico del que hace gala en "Virtudes Pestaña se
encuentra sola" para referirse entre otras cosas al sexo
femenino.
"Fin de viaje", cuento largo o si se prefiere novela
corta que cierra el libro, constituye una pieza fundamental para
comprender el sentido global que pretende conferirle Talens a su
producción literaria. Si bien el texto se resiente de un cierto
esquematismo argumental y de un desarrollo excesivamente previsible -Santiqgo
Fadrique, exiliado no político, regresa en pleno franquismo a su
pueblo natal para materializar su venganza y, ya de paso, revivir los
ardores de una pasión juvenil-, resulta gratificante visitar
nuevamente con el protagonista Artefa, ese pueblo imaginario que
Talens había situado anteriormente en Granada, y asomarnos a las
vidas de personajes que ya aparecen en Venganzas y la novela Hijas
de Eva (Tusquets, 1997). En "Fin de viaje", además,
Talens homenajea sin estridencias un inolvidable cuento de Antonio
Pereira, "Los preventivos", recuperando a uno de sus
protagonistas, ese pobre don Patricio "catedrático de instituto
y algo de la Legión de Honor", para quien el tiempo parece no
avanzar.
Rueda del tiempo nos brinda, por otra parte, la posibilidad
de aproximarnos al microrrelato, el género narrativo breve por
excelencia. A mi entender, las piezas más destacables del libro son
precisamente dos de estos microrrelatos, "Odisea" y "Art
is a gun". En ambos consigue Talens algo con lo que a veces
soñamos no pocos lectores en la actualidad: condensar toda una novela
en unas cuantas líneas.
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