Tendencias
enfrentadas
por Emilio Peral
Manuel Talens, Rueda del tiempo
Tusquets, Barcelona 2001
179 páginas, 1.800 pts, 10,82 €
Manuel Talens se suma con Rueda del tiempo al renovado
entusiasmo por un género de atávico olvido entre nuestros
narradores: el cuento. De unos años a esta parte, hemos asistido a la
publicación periódica de diversas colecciones, con desigual fortuna,
entre las que no debemos olvidar los Cuentos reciclados, de
Álvaro Pombo, La novela del siglo, de José Carlos Llop, Ochenta
y seis cuentos, de Quim Monzó, y los recientes El que espera
y El último minuto, de Andrés Neuman, por citar tan solo los
casos más relevantes. En algunos de los relatos que componen los
citados libros y otros muchos que obviamos, se observan dos tendencias
contrarias al género breve: de una parte, la peligrosa confusión,
cada vez más extendida, de la anécdota cotidiana y trivial -más
propia de la conversación oral que de realidades literarias- con el
relato corto; con ello, ese acusado neocostumbrismo que salpica
nuestra última novela con sabores añejos se introduce, de rondón,
en un género con el que nunca ha compartido escenario. Muy al
contrario, el relato breve ha sido ámbito privilegiado para la
distorsión grotesca y, a veces, surrealista de la más anodina
cotidianidad; y, de otra parte, la equiparación entre cuento y esbozo
de novela. Insisto en lo pernicioso de ambas líneas, máxime cuando
el cuento en lengua castellana -sobre todo el hispanoamericano- puede
hacer gala de una tradición adornada con grandes nombres: Borges,
Cortázar, García Márquez...; y, fundamentalmente, porque las
tendencias apuntadas suponen la consideración implícita del cuento
como un producto de segunda categoría, siempre a la sombra de su
hermana aventajada, la novela.
Disertación tan, en apariencia, alejada de Rueda del tiempo,
resulta prioritaria para enfrentarse al enjuiciamiento crítico de la
obra. El nexo de unión entre los dieciséis relatos que la integran
se halla en una visión justiciera, si se quiere redentora, del
tiempo, de forma que la vida de los personajes siempre les ofrece la
posibilidad de hacer un corte de mangas al cruel destino que les ha
tocado en suerte. Ahora bien, la resolución literaria de dicha
concepción es muy dispar. El volumen se abre con tres excelentes
apuestas -"María", "Virtudes Pestaña se encuentra
sola" y "El perdedor"- que configuran, desde la
absoluta divergencia de criterios estéticos y modos de narrar, una
particular poética de su creador. Unidos entre sí por leves
coincidencias argumentales, los tres relatos ofrecen una sabia
alternancia de registros: de un lado, el sabor poético de
"María", bella muestra de los estragos causados en varias
generaciones por la guerra civil española; dolor que, más allá de
los padecimientos físicos, queda asentado en un recuerdo indeleble,
tan solo superado con la muerte. De otro, el tono irreverente y
paródico de "Virtudes Pestaña...". Y es que es en la
visión car...
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