El escritorio de Manuel Talens

 

Rueda del tiempo. Tusquets Editores.El mapa de la existencia
Ricard Ruiz Garzón

Manuel Talens, Rueda del tiempo
Editorial Tusquets
179 páginas. 1.710 pesetas



Uno de los cuentos más reveladores de «Rueda del tiempo», segundo libro de relatos del granadino Manuel Talens, es el titulado «El mapa de Peters». Alude a la obra del cartógrafo alemán Arno Peters, creador en 1974 de un mapamundi basado en las revelaciones de los satélites artificiales. Según explica el autor por boca de su personaje Isidro Cazorla, es ese mapa y no el de Mercator, diseñado hace cinco siglos y aún vigente, el que reproduce con fidelidad las dimensiones de los océanos y continentes del planeta. En él, América del Sur y África parecen desproporcionadas, sobre todo al compararlas con la minúscula Europa. Sin embargo, es esa imagen, y no la concebida por el eurocéntrico Mercator, la que corresponde a la realidad del mundo, distorsionada gracias al engreimiento occidental. El descubrimiento de que esa convención ha sido aceptada durante siglos por pura prepotencia permitirá al narrador, un alumno del pueblo de Artefa, comprender que «ni el arte ni la ciencia ni la palabra son inocentes o fruto del azar».

De igual manera, los dieciséis relatos de este libro de Talens, menos apasionados que los de su anterior obra «Venganzas», descubren una insólita orografia de la existencia humana, en apariencia sórdida y humilde, pero lúcida y por ello fiel al descubrimiento de los accidentes que rigen la vida, con frecuencia asociada aquí al concepto de derrota. Perdedores pero no fracasados, los personajes narradores de Talens se debaten entre el orgullo y la nostalgia, conscientes de que «la vida es un camino sin recompensa, en el que lo único que importa es la dignidad del recorrido, pues la meta equivale al silencio».

Destacan del conjunto, además del mencionado, cuatro relatos, fuera de los cuales hay un extraño desequilibrio entre varios cuentos breves -uno de los cuales, «La lucha interminable», se reduce a un puro ejercicio de ingenio intertextual- y otros largos de confusa eficacia, ya sea por su forzada utilización del azar («Destinos cruzados», «Cazador») o por su tópica revisitación de la paradoja amorosa («El hoyuelo», por ejemplo). Por el contrario, «El perdedor», uno de los textos emblemáticos del libro, narra con gran potencia la caída en desgracia de un torero republicano, que se negó a saludar a Manolete porque aseguraba que éste había toreado y pasado por el estoque a decenas de rehenes durante la toma de Badajoz en la guerra civil. En este cuento, como en el que da título al libro -«Rueda del tiempo», el regreso a sus raíces de un zapatero sefardí-, Talens ofrece a sus vencidos protagonistas un atisbo de justicia histórica, un baño de dignidad que pugna por hacerse extensivo al resto de la obra. Con igual contundencia, «La soledad», relato de un médico impasible ante el monstruoso cáncer de una paciente, presenta una prosa expresiva y elegante, capaz de convencer y emocionar al lector sin necesidad de grandes artificios. Virtudes estas que, junto a las de la ambientación, la creación de memorias latentes y la verosimlitud en la recreación de los comportamientos -todas de clara inspiración chejoviana- se reúnen de forma especial en «Fin de viaje», «tour de force» del compendio que recupera a Fausta y Rosilda, personages de su novela «Hijas de Eva», para una historia de desencuentros en la que la traición y el paso del tiempo no impiden la redención a través de un trastornado gesto de coraje.

Irregular como toda geografía, pero plagado como ella de rincones en los que merece la pena detenerse, el mapa de la existencia que dibuja Manuel Talens en «Rueda del tiempo» recuerda más al de Mercator que al de Peters: algunos de sus trazos parecen definitivos, pero sólo hasta que otros mejores dejan al descubierto su imprecisión.

 

La Razón, Madrid 2-11-2001

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