La
rueda del tiempo
Santos Sanz Villanueva
Manuel Talens, Rueda del tiempo
Tusquets, Barcelona 2001
Podría sustituir esta nota por un resumen del "Epílogo al lector" que el
propio Manuel Talens pone al final de Rueda del tiempo porque ahí se hallan explicadas
las claves sobre las que descansa este desolador y hermoso edificio narrativo. Dos ideas
básicas sostienen el bloque unitario de 16 relatos que contiene el libro. Piensa el
escritor que existir consiste en un encadenamiento de episodios banales a veces alterados
por un hecho revulsivo. Además, percibe la vida como un camino sin recompensa en el que
sólo importa la dignidad del recorrido. Esta paráfrasis de las creencias de Talens
señala el tono desesperanzado que unifica unas narraciones muy distintas entre sí en
todos los sentidos. En cuanto a las anécdotas, casi nada tienen que ver unas con otras y
cada argumento vale por sí mismo. No hay un tiempo único: el emplazamiento de las
historias se dilata a lo largo de la pasada centuria, si bien varias comparten el hundir
sus raíces en la guerra civil.
La forma resulta no menos variada. Se utilizan registros lingüísticos distintos, de
donde brota una rica diversidad estilística. Y convive una mezcla de modalidades
narrativas. Por ejemplo, tres de los textos ocupan menos de una página. Esta estructura
mínima se debe a su carácter de reflexión casi epigramática. El último, "Fin de
viaje", se ajusta por el contrario a la medida y la tonalidad de una novela corta. Se
decanta el autor en este caso por la presentación psicologista, acompañada de notas
ambientales, para que se cumpla un destino terrible y necesario. El primer relato,
"María", tiene esa escueta medida que distingue al cuento porque no hacen
faltan prolijidades para expresar la hondura emocional que mueve a un viejo brigadista de
nuestra guerra. La diversidad formal que podría parecer casi vanguardista revela
exigencia, pero no experimentación en el vacío.
Los relatos que abren y cierran el libro los tengo por auténticas piezas magistrales y de
su valor y significación debe de ser muy consciente Talens al colocarlos en esos lugares
privilegiados. Vienen a decir que la vida se teje con hilos tan frágiles como los de las
duras historias que refieren; y que a veces el azar de un encuentro o un hecho del pasado
se transforma en impulso fatídico. El magnífico desenlace de ambas piezas funciona como
revelación de un pesimista sentido de la existencia: todo es dolor y fatalidad, aunque
también quepan rasgos de grandeza.
Una literatura tan cruda no postula el ejercicio de la misantropía. Al revés, los textos
y el libro en su alcance global están casi inflamados por una conciencia moral recta,
solidaria. No anda Talens lejano de una concepción comprometida de la literatura, y ello
se comprueba en que no elude datos críticos de una realidad degradada. Rueda del tiempo
se sostiene sobre un fondo ético que incita a la reflexión y se desarrolla a partir de
casos concretos que apelan a la inteligencia y a los sentimientos. De ahí su feliz
resultado literario: los relatos, proyección simultánea de una perspectiva intelectual y
moral, producen un conjunto narrativo existencialista, intenso y emocionante.
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El Cultural, Madrid, 7
de noviembre de 2001 |
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