Crónica
de perdedores
Rubén Castillo Gallego
Manuel Talens
Rueda del tiempo
Tusquets
1800 ptas., 179 págs.
Quizá no sea el de Manuel Talens (Granada, 1948) el nombre más conocido de cuantos
publica esta editorial, pero lo cierto es que su último libro, Rueda del
tiempo, es una
colección de relatos que hacen gala de una extrema perfección y de una consumada y
melancólica belleza. En ellos se nos pone ante los ojos la radiografía sentimental de
unos cuantos perdedores, a los que la Historia (o simplemente el tiempo) ha vapuleado a
sus anchas, y se ha complacido en desmoronar. Y esos seres confusos (un viejo torero, un
anciano de izquierdas, evocado por su sobrino, un maestro de escuela que cree en la
justicia de los mapas) se van desmigajando con languidez, erosionados por la
inmisericordia de la vida.
Ahí está ese viejo brigadista del 36 que vuelve a los escenarios donde recibió el don
de la belleza, que se le evaporó ante los ojos con la misma celeridad con que vino, ahí
está Virtudes Pestaña, una prostituta deslenguada que va chapoteando como puede para
sobrevivir, y que trata de ser inmune al desaliento, ahí está el exiliado Santiago
Fadrique, que vuelve a España en 1957 para ejecutar aquellas acciones que no debió
diferir durante tantos años. Y ahí está, quizá por encima de todos los demás, (se me
antoja el mejor relato del libro), Miqueas Rofe, protagonista de la historia que da
título al volumen, un sefardita que vuelve a la patria de sus ancestros para restañar
quinientos años de lágrimas, oprobio y melancolía.
Si todavía conservan ustedes el entusiasmo por la literatura, el gusto por saborear
historias hermosas y contadas con hondura, sencillez y poder de seducción, si aún creen
que es posible emocionarse como un niño (o como don Quijote) con lo que se cuenta en las
páginas de un libro; si son ustedes como ese sultán que encontraba el placer de su vida
y de sus noches en las palabras se Scherezade, créanme que ésta es una obra con la que
alcanzarán instantes preciosos, delicadísimos, sublimes. No se sentirán defraudados en
ninguna de sus páginas.
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La Verdad de Alicante, La
Verdad de Murcia, 14 de diciembre de 2002 |
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